Julia estaba desayunando en la planta baja.
De repente, Sebastián llegó y se sentó frente a ella, con una expresión sombría dijo:
—Lo siento.
Julia recordó lo sucedido y lo miró,
—¿Fuiste tú quien me empujó por la pendiente ayer?
—¿Por qué si no te estaría pidiendo disculpas?— La expresión de Sebastián se volvió aún más sombría.
Julia sonrió,
—Si no lo sientes de verdad, ¿para qué pedir disculpas?
Al caer sus palabras, sintió que el aire frío emanando de Sebastián se volvía más helado, su mir