—¡No! ¡No fui yo...! —Cristina salió corriendo de entre la multitud, llorando y aparentando vulnerabilidad.
Julia, al ver su rostro, recordó súbitamente la expresión que tenía cuando hablaba con su padre: una mirada fría, nada parecida a esta fragilidad que ahora fingía. Se levantó con esfuerzo y se abalanzó sobre Cristina, agarrándola por el cuello.
—Cristina, ¿qué le hiciste a mi padre? ¿Por qué se cayó por las escaleras? Tú lo empujaste, ¿verdad?
—No, ni siquiera lo toqué. ¡Tuvo un ataque y s