Julia esperaba ansiosamente en la oficina del hospital, imaginando innumerables veces el rostro de su padre, preocupada e inquieta...
Después de un tiempo que pareció interminable, Luis abrió la puerta y le dijo:
—Julia, tu padre ha llegado al hospital.
Julia se puso de pie de inmediato, con las manos y los pies fríos.
Luis la llevó a la sala de tratamiento. Al abrir la puerta blanca, vieron a Diego sentado en la cama siendo examinado. El médico le revisaba los ojos; estaba sentado erguido, con