Cristina estaba dentro, y Andrés también.
Julia giró suavemente el pomo de la puerta.
Cristina yacía en la cama del hospital. Era muy hermosa, con su largo cabello negro esparcido sobre las sábanas blancas, luciendo pura e inmaculada...
Sus ojos, grandes y brillantes, vieron a Andrés entrar y lo llamaron débilmente: —¿Hermano?
Intentó incorporarse.
Andrés la detuvo, sentándose junto a la cama. —Acabas de salir de cirugía, no te levantes.
—Hermano, por fin me trajiste de vuelta...—dijo Cristina c