Esa noche, Andrés esperó a Julia en el jardín.
Cuando Julia subió a cerrar las cortinas, vio su silueta esbelta apoyada en el auto. Hojas secas y amarillentas caían a sus pies, dándole un aire solitario y melancólico.
Fumaba en el jardín. En la tenue luz, Julia no podía distinguir su expresión.
En realidad, él rara vez fumaba, pero esa noche encendió varios cigarrillos seguidos, con el rostro sombrío y distante.
Al día siguiente, cuando Julia despertó, Andrés ya se había ido. No sabía a qué hora