Emilia pensó un momento y dijo: —Podrías entregarte a él.
—¿Entregarme a él?—, repitió Julia, sonrojándose. —Ya lo hice anoche.
Emilia se rio. —No, no me refiero a eso. Digo que te vistas como un regalo, por ejemplo de sirvienta o enfermera. Dale una sorpresa.
Julia se sonrojó aún más. —¿A los hombres realmente les gusta eso?
—Claro que sí. A los hombres les gusta que las mujeres parezcan recatadas en público, pero en la cama prefieren que sean apasionadas.
—Entonces... ¿Debería comprar algo en