Julia sonrió y bajó corriendo las escaleras, saliendo al patio con el pelo suelto, luciendo hermosa y llena de vida.
Andrés bajó del auto y la sujetó por los hombros, frunciendo el ceño. —No corras tan rápido, podrías caerte.
—¡Oh! —, exclamó ella, mirándolo disimuladamente.
El rostro de Andrés se suavizó mientras la tomaba de la mano para subir al auto.
El calor de su palma seca fue calentando poco a poco el corazón de Julia. Sentada a su lado, de repente no se atrevía a mirarlo a los ojos.
—¿A