Julia se quedó pensativa. Algo no cuadraba.
Sin poder entenderlo, decidió llamar a Andrés. —Andrés, Alicia vino a Villa de Oro. Está arrodillada frente a la puerta, insistiendo en disculparse conmigo.
—¿Qué está pasando?—, preguntó Andrés con voz grave.
Julia respondió frente a Alicia: —Le dije que no quiero ni necesito sus disculpas, que se fuera, pero se niega. Dice que si no la dejo entrar es porque no la perdono.
Mirando al cielo, añadió: —Está a punto de llover y no quiere irse. No sé qué p