Cuándo Federico llegó a la mansión de Ana se percató de que Isabel estaba saliendo con los ojos rojos.
Él la detuvo de la cintura y le hizo una señal al chofer para que se aleje.
—¿Lloraste? ¿Quién fue el imbécil que te hizo llorar?.
—Discuti con mi padre, pero no quiero hablar de eso. Que bueno que viniste porque quería verte.
—Yo siempre quiero verte.
—¿Ya hablaste con las niñas?—Pregunta el
Isabel asiente —Debemos organizarnos muy bien y debes ser paciente con Valen.
—Tendre toda la pacien