Durante los dos días siguientes, Waverly no pudo quitarse de la cabeza la imagen de Pietro. Allá donde iba, pensaba en él, de pie en una esquina, empapado, con un miedo inaudito que componía sus rasgos distorsionados.
Quería avisar a Sawyer y contarle todo lo que pudiera, pero con todo lo que había pasado últimamente, junto con su enfermedad y sus posibles alucinaciones, no estaba segura de que él la creyera del todo. Diablos, ni siquiera estaba segura de creerse a sí misma, pero no podía cor