Waverly sintió como si el mundo le hubiera sido arrancado. Él estaba allí, en carne y hueso; sus dientes separados se mostraban mientras sonreía.
—¿Qué haces aquí? —interrogó Sawyer. Su mirada se dirigió a los cortes de su mejilla y al rastro de sangre seca en su cara, lo que le hizo acercarse rápidamente a ella y examinarla—. ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?
Instintivamente, se acercó a su estómago, pero Waverly lo detuvo: —Estoy bien —respondió ella. Luego se corrigió a sí misma—. Estamos bi