76. El verdadero final
Hermes oyó la voz tan familiar que le hablaba y alzó su vista hacia Hariella. No importaba cuantas veces la había visto, ella todos los días amanecía más preciosa. Sus ojos se cruzaron e ignoraron a los que estaban a los alrededores. Esa vista celeste lo atraían de gran manera y nadie más lograba cautivarlo de esa forma tan poderosa.
—Creí que ya no venias.
—Debe ser un honor para ti tenerme como invitada. Ahora ya un sitio importante, solo por mi presencia—comentó Hariella con reservada altane