68. La aclaración
Hermes agarró por la mano a Marianne y la llevó así, hasta el auto. Subió a Marianne en el vehículo y comenzó a manejarlo, dejando a su precioso ángel en la soledad de la tristeza.
Las lágrimas recorrían las mejillas de Hariella como delicado rio y se le dificultaba respirar. Sus manos le temblaban y en su seno, había un sentimiento de vacío.
Lena vio lo que había pasado y después de que ellos se fueron, se acercó a Hariella y le hablaba, pero su señora parecía ida en sus pensamientos.
Hermes s