56. El asombro (L2)
Una extraña mezcla de asombro y desconcierto se apoderó de ella. Su mente trataba de poner en orden los pensamientos, pero se sentía como si estuviera en medio de un sueño confuso. Ese joven rubio, que parecía tan fuera de lugar en medio de la tormenta, resultaba ser nada menos que el magnate detrás de toda la estructura en la que ella trabajaba. Era él, el dueño del banco, el jefe supremo de todos. Esa expresión serena y controlada, pero esa aura distinguida y superior, no daban lugar a dudas