45. La traición (L2)
Al llegar a casa, se encerró en el baño y finalmente dejó que las lágrimas fluyeran libremente. Nadie la vería llorar aquí, nadie sabría lo rota que estaba. Pero en su corazón entendía que estas heridas nunca sanarían por completo. La infertilidad no solo le había quitado la oportunidad de tener hijos, sino que también le había robado la esperanza y la felicidad. Y aunque sabía que debía seguir adelante, en ese momento, lo único que podía hacer era llorar.
Herseis se sentía cada vez más sofocad