13. Los helados
—¿Quieres uno? —preguntó Hermes—. Yo invito.
Hariella asintió en aprobación. Se acercaron al puesto, que era el de un mesón, adherido a una camioneta. El vendedor tenía uniforme y sus manos estaban protegidas por unos guantes blancos, y, además, tenía amarrados globos de colores, dándole un aire festivo. Sin embargo, adelantó la fila, pasando delante de los demás. Había vivido su vida sin conocer lo que era esperar; las filas no existían en su mundo. Sin embargo, una niña en la fila fue rápida e