Las puertas se alzaban detrás de mí, sus barras de hierro brillando tenuemente bajo las farolas, pero apenas les presté atención. Mi atención estaba fija al frente, donde estaba Taylor.
Su figura era marcada e inquebrantable, casi como una estatua bajo el pálido resplandor de las luces. Sus brazos estaban a los lados, tensos, y su mandíbula estaba rígida. Lo que me inquietaba no era su postura, eran sus ojos. Esos ojos, que normalmente revelaban con rapidez su humor o molestia o incluso una lev