El cierre llegó más rápido de lo que pensé.
La última campana ya había sonado, y los estudiantes salían de las aulas como agua rompiendo una presa, llenando los pasillos con charlas y el chirrido de zapatillas sobre el suelo pulido. Normalmente, esta era la parte del día en la que recogía mis libros, apretaba mi lonchera más de lo necesario y me dirigía hacia la reja con un solo pensamiento en mente: esperar a Damian.
Y eso hice.
Me encontré en el mismo lugar donde siempre me quedaba, justo fue