La señora Rodríguez estacionó el auto en el estacionamiento exterior de la casa. El pórtico estaba decorado con adornos navideños, lo cual me permitió decir:
—Vaya, aún siguen en navidad.
—Me ha dado flojera quitar los adornos —respondió Oriana y vio los adornos con fastidio—. Quizás deba ponerme manos a la obra un día de estos, ya no estamos en navidad.
—Quizás, pero a veces vence la flojera.
En el jardín había un aspersor de agua que regaba las plantas, dibujaba una circunferencia y el roc