No sé cuánto tiempo estuve durmiendo, sólo sé que me despertaron gritos.
— ¡ALFA! ¡ALFA! ¡POR FIN SE DESPIERTA! ¡NOS ESTÁN ATACANDO! — escuché la voz de la madre de Claudia, histérica, mientras algo me zarandeaba con fuerza.
Ataque. Mi cabeza adormilada procesó en escasos segundos esa palabra y me desperté por completo. ¿¡Nos estaban atacando!? ¿¡Quién!?
Me levanté corriendo mientras Sahira comenzaba a gruñir de rabia. Salimos de la tienda y vimos la situación: las tiendas de campaña estaban ar