Un suave rayo de sol se filtró por las cortinas, rozando suavemente el rostro de Ámbar. Bostezó, estirándose y abriendo los ojos lentamente. La habitación estaba sumida en una penumbra acogedora, interrumpida solo por la tenue luz de la pantalla de su computadora, que aún parpadeaba en la mesita de noche.
Desorientada, levantó la cabeza y miró a su alrededor. Con un movimiento lento, alcanzó su teléfono, que descansaba sobre la mesita de noche. La pantalla se iluminó al tocarla, revelando una n