Cuando vuelve a hablar, suena más despierta y atenta.
—¿Papá? ¿Le ocurrió algo?
Tomo una bocanada de aire, Andrew aprieta mis manos. Agradezco profundamente su presencia, es como una muralla de carne y hueso que impide que me derrumba, o que mis propios pensamientos me coman viva.
—¿Lauren? ¿Estás ahí? —pregunta, alarmada cuando me quedo en silencio—. ¿Estás bien?
—Sí, Andrew está conmigo —respondo, mi voz tensa—. Escúchame con calma, por favor. Cuando llegué a casa hoy, James estaba allí ade