—Gracias Mía —susurra Vicky, dándome una sonrisa suave.
La oficina de Andrew estaba a solo dos puertas, así que cuando llegamos, ya se encontraba abierta. Andrew estaba moviendo la pierna insistentemente mientras utilizaba su tablet, el ceño fruncido en concentración o rabia, no podía descifrarlo. Apenas entramos, dejó de prestarle atención a la tablet y nos miró, allí supe que era rabia.
Está rabioso.
—¿Pueden explicarme por qué acabo de recibir una llamada de Lucius pidiéndome explícitamente l