Alma se paseaba por la casa con Agustín en brazos, quien reposaba en su pecho, aferrándole la camiseta. Solo una vez se acercaron a una ventana para recibir la prístina luz de la mañana porque la visión del jardín la perturbaba e intuyó que a él también. Estaba particularmente tranquilo y silencioso; cansado. Los dos necesitaban vacaciones muy lejos de allí.
Todo en la casa resplandecía gracias al dedicado trabajo de Lucila y Marina el día anterior. Pese a eso, allí andaba Sonia con un plumero