La grotesca petición del hombre flotaba en el aire, volviéndolo irrespirable. El suelo bajo los pies de Alma pareció reblandecerse y empezó a tragársela como arenas movedizas, pero no se hundió mucho porque su cabello estaba atrapado dentro del auto.
—De acuerdo... Lo haré —balbuceó, y el hombre sonrió, pasándole la mano por la cara, esparciéndole las lágrimas y la saliva.
Se apartó unos pasos y bajó la cremallera para dejar a la vista su miembro semi erecto, al que le dio vida frotando sobre é