—¿Este avión es tuyo? —preguntó Alma, hiperventilada en el asiento mientras Amaro la ayudaba a ponerse el cinturón de seguridad, luego de lo difícil que había sido hacerla subir. Ya no se le escaparía.
—No, no viajo tanto como para tener uno propio; es rentado. Intenta relajarte y disfrutar el viaje.
Alma lo vio reclinarse y cerrar los ojos, como si estuviera en la playa.
—¡¿Y qué pasará con Agustín?! Le dije a Sonia que regresaría pronto. Tengo que bajar.
—Lo tengo todo resuelto; las hermanas