—La reunión con los suecos será en el hotel Sepia, así que estaré fuera hasta el domingo —contó Amaro durante el desayuno.
—¿Por qué tienes que ir tú? ¿No puedes enviar a un empleado? —preguntó Mónica.
—Si ellos quisieran hablar con un empleado, habrían enviado a uno —respondió Amaro, y sus ojos se desviaron hacia Alma, que parecía algo desanimada.
De la noche del viernes hasta el domingo sin verse. No era telépata, pero suponía que ya lo estaba extrañando.
—Con Agustín Ignacio te extrañaremos,