—Hola, bienvenida. El señor la está esperando. Ha estado algo molesto porque tiene mucha comezón.
Alma cruzó el umbral de la casona donde vivía Dean Morgan, aunque por fuera pareciera deshabitada por su estado de abandono. Era vieja, como una residencia palaciega que en sus mejores tiempos debió ser un lujoso palacio.
Hoy era una casa del terror.
Avanzó detrás de la empleada doméstica, que caminaba por un pasillo cubierto de polvo. Polvo sobre los muebles, polvo en la baranda de la escaler