74. Tiara mató a nuestros padres
— Tranquila, tranquila, estoy aquí — musitó contra su frente, besándola y acariciándole la frente, queriendo convertir su dolor en suyo.
Más tarde, llegó Horacio. Él lo puso al tanto de lo que estaba ocurriendo. Calioppe se quedó completamente ajena en el sofá, mirando a la nada, con lágrimas silenciosas rodando por sus mejillas sonrojadas.
El doctor la examinó, comprendiendo que se trataba de un ataque de nervios, así que le sugirió mantenerla serena y evitarle las emociones fuertes, sobre to