51. Es lógico que Nick no hable de mí
Se miraron entre sí.
El brasileño apretó los dientes.
— Pregunté qué están haciendo aquí — repitió.
Lisandro dio un paso al frente.
— Lo siento, patrón, es que…
— Yo se lo pedí — intervino Calioppe, todavía desconcertada.
Nicholas dejó la leña a un lado y se acercó a su joven esposa.
— No deberías estar aquí — le dijo en voz baja.
Ella lo miró, incrédula.
— Y entiendo perfectamente por qué — musitó, inevitablemente celosa, observando a esa preciosa mujer de ojos verdes por encima del ho