41. Quita tus m4lditos ojos de mi mujer
Llegaron al pueblo cuarenta y cinco minutos después. Llovía a cántaros.
Calioppe se había mostrado inquieta durante todo el camino, preguntándose qué había ocurrido con su esposo.
— Hemos llegado, señorita Calioppe, sígame, es por aquí — le dijo Lisandro al abrirle la puerta —. Por favor manténgase cerca de mí, no quiero problemas con el patrón.
Ella asintió en silencio.
Para su sorpresa, a pesar de la lluvia, el pueblo parecía de fiesta.
Entraron a una cantina.
Calioppe ahogó una impresió