42. Esposa en cautiverio
— Te lo advertí, Calioppe, te lo advertí y no me hiciste caso. Ahora él pagará las consecuencias.
— No, por favor, a él no — sollozó — Te lo suplico, no le hagas daño.
Tiara esbozó una sonrisa siniestra. Sus ojos eran como los de un animal hambriento en la noche.
— Muy tarde, querida — y disparó.
Calioppe despertó agitada, su corazón latiendo desmesurado dentro de su caja torácica y su frente perlada de una fina capa de sudor frío. Se llevó las manos al pecho, sintiendo que se ahoga, como so