Dakota y Alekos se encontraban en su habitación.—Estoy agotadísima —comentó Dakota.
—Bailaste demasiado; a veces creo que exageras —la regañó Alekos.
—El problema de usted, señor Ravelli, es que piensa que mi estado es una enfermedad y quiere tenerme arriba de la cama por nueve meses.
—Señora