Irina se quedó mirando a su madre.
—¿En serio… él es mi papá? —preguntó la pequeña, con los ojos muy abiertos.
—¡Sí, soy tu papá! —respondió Alekos, tomándola en brazos con ternura.
—¿Por qué no viniste antes? —preguntó Irina con seriedad, mirándolo a los ojos.
—Porque tu mamá se fue y no sa