Comenzaba a amanecer cuando Dakota despertó. Se arregló rápidamente: un short, un top, unas zapatillas cómodas, el cabello recogido. Bajó las escaleras en silencio. El día anterior había pasado tanto tiempo acomodando todo que no había podido recorrer la propiedad, así que decidió salir a caminar por la playa.
Luego de elongar un poco, comenzó a trotar por la orilla, escuchando su música favorita.
Alekos despertó sobresaltado al sentir la cama vacía. Golpeó la puerta del baño, pero nadie respondió; al entrar vio el camisón de Dakota sobre una butaca. Se duchó, se vistió y bajó a la cocina. Su molestia aumentó al no verla allí.
—Buenos días, Ivana. ¿Ha visto a mi esposa? —preguntó.—Si no me equivoco, salió hacia la playa, señor. ¿Le sirvo el desayuno?—Gracias, lo tomaré más tarde.
Alekos salió rumbo a la playa. A lo lejos vio una figura conocida. Caminó hacia ella: era Dakota.
—¿Por qué te alejaste tanto de la casa? —la reprendió.—Salí a correr, supuse que no habría problemas… con