La noche caía lentamente sobre la ciudad, pero en el despacho de Iván, la tensión no hacía más que aumentar. La luz tenue de la lámpara sobre la mesa de roble revelaba los rostros tensos de los hombres que lo acompañaban en ese instante. Las sombras, al igual que los secretos, se alargaban en las paredes. Iván había tenido que tomar decisiones difíciles en las últimas horas, y aunque la captura de Eduardo había sido un éxito, la incertidumbre seguía siendo un peso insoportable sobre sus hombros