El reloj marcaba las tres de la madrugada cuando Natalia se levantó de la cama, arrastrando su cuerpo cansado pero inquieto. Había pasado las últimas horas repasando cada palabra de la conversación con su madre, desmenuzándola una y otra vez en su mente. La verdad la había golpeado con la fuerza de un tren, pero no era el único golpe que sentía. En su pecho, un nudo de ira y desesperación se formaba cada vez que pensaba en lo que su padre había hecho. Había sido él quien había orquestado su sec