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El aire de la sala parecía volverse denso con cada palabra que Natalia pronunciaba. Victoria y Esteban intercambiaron miradas, pero ninguno de los dos se atrevió a hablar de inmediato. El silencio, pesado y cargado de tensión, se instaló entre ellos, mientras Natalia permanecía de pie, firme y decidida, observándolos como una cazadora que no tenía la más mínima intención de ceder terreno.

Esteban, por fin, rompió el silencio. Su voz, aunque firme, no podía ocultar una pequeña fisura de duda.

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