La presión en el aire era palpable. Natalia caminaba a través del pasillo de la empresa con paso firme, manteniendo la mirada fija en el objetivo. En su rostro, una máscara impecable de calma y control cubría las emociones que hervían en su interior. Cada paso que daba la acercaba a su meta, pero también la sumergía más profundamente en un laberinto de mentiras, traiciones y peligro. La infiltración en la empresa de su padre había comenzado, pero el verdadero reto estaba por comenzar. Raúl, con