Las horas parecían desmoronarse ante Natalia mientras su mente trabajaba sin descanso. Había dado un paso que no tenía marcha atrás, y con cada paso que daba, más sentía el peso de la decisión sobre sus hombros. El plan para destruir a Raúl estaba en marcha, pero la incertidumbre que acechaba en cada rincón de la operación no podía evitar que sus pensamientos fueran oscilantes. En la mente de Natalia, cada pieza del rompecabezas era fundamental y ninguna podría ser ignorada.
El sol ya estaba co