El amanecer llegó sin piedad, como siempre lo hacía en la ciudad de Nueva York. Los primeros rayos de sol se filtraban entre las cortinas del lujoso despacho de Esteban Montalvo, bañando de luz las paredes adornadas por recuerdos de una vida llena de lujos, pero también de secretos y traiciones. Natalia se encontraba allí, de pie frente a la ventana, mirando el horizonte con una calma que contrastaba con la tormenta que rugía en su interior. La decisión estaba tomada: se aliaría con su padre, p