Me despierto lentamente. Estoy completamente desorientada y no reconozco ninguno de los olores que me rodean. Cuando abro los ojos, veo que estoy sola en una habitación de hotel.
Todo me viene a la cabeza y, con un grito ahogado, me llevo la mano al cuello. Noto los pinchazos que me han hecho en el cuello al marcarme a la fuerza.
‘¿Maia? ¿Sabes dónde estamos?’.
‘No. Me quedé inconsciente, igual que tú’.
Me incorporo y miro a mi alrededor. Desde donde estoy sentada, veo mi mochila y lo que pa