Capítulo 31 —El mechón de cabello
Narrador:
La Fundación estaba casi vacía.
El silencio de los pasillos solo se rompía por algún teléfono olvidado, por el sonido lejano de una fotocopiadora o el zumbido constante de las luces de emergencia. Era tarde, d. Demasiado para estar aún allí.
Desirée caminó con paso cansado hasta la cafetería del segundo piso. Necesitaba café. No porque tuviera más trabajo, sino porque tenía la cabeza tan llena que sentía que, si no se distraía con algo, iba a romperse