87. PASEO
Estaba realmente asustada cuando levanté mi cabeza ante la enorme claridad que me envolvía, y respiré aliviada al ver que eran las bujías que se habían prendido todas de golpe. Los ruidos en la puerta cesaron con la llegada de las hermanas y todos los pequeños.
—Querida, ¿por qué no esperaste por nosotras? —me reprochó con cariño sor Caridad.
—Disculpen hermanas, tenía gran necesidad de venir. —respondí mirando a la puerta abierta y sin ningún tipo de daño. Dolores había desaparecido.
—¡Oh, que