88. FELICIDAD
Por suerte la noche transcurrió tranquila, solo el sonido de la lluvia, los rayos, los truenos y el viento se escucharon. Sin embargo, no podía dormir, no se me quitaba de la cabeza lo que había dicho la niña Jacinta, y señalaba detrás de mí como si en verdad ella pudiera ver esa presencia que por momentos siento respirando en mi nuca.
Era tanto mi desasosiego que me levanté y me senté en una esquina cerca de la ventana con una vela y me puse a leer la biblia. No sé cuándo me dormí, pero al