61.CARTAS.
Todavía de pie en el corredor, sor Inés abrazaba a Dolores que había dejado de llorar y mantenía una expresión de incredulidad en su rostro. sor Caridad junto a mí con el rosario en sus manos rezaba febrilmente en silencio. Yo miraba mis manos sin entender, mientras las llevaba en un gesto automático a la cruz colgada de mi cuello.

Fue Dolores quien reaccionó, apartándose de la monjita cerró la puerta, al tiempo que me decía que sería mejor ir a tomarnos un té antes de seguir con el recorrido.
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