273. PUESTO EN SU LUGAR
Me puse de pie y la seguí sin titubear, pues en realidad había comenzado a sentir un poco de sueño debido al brebaje que me había acabado de ingerir. Al terminar de subir las escaleras, me encontré con el capitán que me miraba sonriente y había vuelto a tener su mirada azul oscuro por lo que me dejé abrazar feliz, y lo seguí al cuarto de mi abuela.
—Duérmete, no tengas miedo, no saldré de él nunca más, hasta que resolvamos esto que nos tiene atrapados en esta realidad.
Comenzó a tararear un