—De acuerdo, lleva uno de los carruajes y regresa lo antes posible esperaré por ti para cenar.
—No hagas eso, no sé cuánto tiempo me llevará resolver el asunto con esta mujer.
—Bueno, espero que no olvides que eres mi prometido y que no puedes estar con otras mujeres —le pedí haciéndome la celosa. Él sonrió encantadoramente y volvió a besar mi mano.
—Lo sé querida, lo sé. ¡Jamás traicionaré a una mujer tan bella como tú! Vendré en cuanto pueda.
— No vayas a quitarte el pulso que te di, sin