Estaba aterrada ante lo que me había dicho Dolores. Busqué desesperada los ojos del capitán para ver si era mi Julián. Para mi descontento no lo era, sus ojos permanecían siendo de un azul claro muy hermosos que me miraban con verdadera adoración.
—Vamos querida, estás muy nerviosa, terminemos de comer.
—Está bien, te acompañaré, ya lo hice.
Nos dirigimos a la mesa y nos sentamos haciéndole una señal a Dolores de que le sirviera su cena, lo cual hizo dándome cuenta de que no era de muy b