181. REAL AMENAZA
—¿Y qué es lo que desea de la señorita del Castillo? —preguntó el abogado.
—Me han dicho que su casa es muy grande y posee muchas habitaciones, y que podría albergarnos a nosotros, hasta que el cuartel estuviera listo para ser habitado.
—Lo siento mucho, pero no puedo hacer tal cosa — dije rápidamente. Haciendo que todos los habitantes del pueblo me miraran extrañados, por lo que dije enseguida. — Soy una señorita soltera, y no está bien visto que mi casa se llene de hombres desconocidos.
—Le